viernes, 9 de septiembre de 2011

Miré sus ojos, pero no era ella.

Me tomó bruscamente por los hombros, decía mi nombre una y otra vez.

Me sentía congelada, no sabía cómo explicarle.

Me miró a los ojos, me desnudó el alma.

Me dio un beso que me lo explicó todo.

De pronto, lo único que pude pronunciar fue nombre.

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